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El problema de las redes sociales

Cada vez son más los expertos y estudiosos los que se preguntan: “¿Qué debemos hacer con las redes sociales y cómo limitar el enorme poder que día a día ganan, a través del control de conversaciones e información que transmiten hacia sus usuarios?”

El asunto no es menor. De acuerdo con el reportaje “Rebelión contra las redes sociales”, publicado en el diario español El País (aquí un enlace), el tiempo en el que se tachaba de anticuado y resistente al cambio a todo aquel que renegaba de estas plataformas ya pasó. “Una auténtica tormenta se está desatando en torno al papel que desempeñan las redes sociales en nuestra sociedad. Y son grandes popes de Silicon Valley los que han empezado a alzar la voz. Se acusa a Facebook y Twitter de haberse convertido en espacios que crispan el debate y lo contaminan con información falsa.”

Entre los arrepentidos destaca Sean Parker, el polémico fundador de Napster y el primer CEO de Facebook, quien ganó millones de dólares luego de que esta red social hiciera su IPO.

Hoy (con sus bolsillos llenos de dinero, claro), Sean Parker tiene una opinión negativa de las redes sociales. Según este emprendedor, el secreto para conseguir que los usuarios de esa red social gastaran la mayor cantidad de tiempo en-línea fue generarles descargas de dopamina: pequeños instantes de felicidad a través de los Me gusta que reciben de sus amigos y contactos.

“Eso explota una vulnerabilidad de la psicología humana”, dijo Parker, durante un evento organizado por la firma Axios, en Filadelfia, el pasado 8 de noviembre. “Los inventores de todo esto, tanto yo, como Mark [Zuckerberg], Kevin Systrom [Instagram] y toda esa gente, lo sabíamos. Y a pesar de ello, lo hicimos”.

Parker cree que Facebook y otras plataformas, de la mano de los dispositivos móviles con acceso a internet, no sólo son adictivas, sino que ya se han vuelto un problema de salún pública, un problema de salud democrática.

Otro arrepentido es Chamath Palihapitiya, un ex-vicepresidente de Facebook, quien aseguró que las redes están “desgarrando” el tejido social. “Los ciclos de retroalimentación a corto plazo impulsados por la dopamina que hemos creado están destruyendo el funcionamiento de la sociedad”, declaró en una charla en la Escuela de Negocios de la Universidad de Stanford (puede consultarse el video del evento en YouTube aquí).

Percepción alterada

En muy poco tiempo, ocho o siete años, las redes sociales han mutado de ser el vehículo que le dio voz a quienes no la tenían y que facilitaba la participación política (recuérdese la primer campaña a la presidencia de Barak Obama), hasta volverse hoy en las plataformas ideales para campañas políticas basadas en el odio, el racismo, los prejuicios nacionalistas, el populismo y otras posturas extremas que alteran los procesos democráticos en diversos países, sin importar su grado de desarrollo económico, político o social.

Emily Taylor, ejecutiva de Oxford Information Labs, el problema de las redes sociales empieza en su modelo de negocio: para poder utilizarlas, el debe entregar información sobre sí mismo (edad, sexo, lugar de residencia, gustos y preferencias y un largo etcétera, incluyendo mensajes privados). Esos datos son utilizados para dirigirle publicidad dirigida sólo a él. Pero las redes sociales también “empujan” a los usuarios información que es fácilmente digerida por ellos, pues sólo refuerza sus mismos prejuicios y creencias, no los cuestiona ni los hace ver más allá de sus narices.

Encima de ello, los mecanismos de edición y control de la información recaen en algoritmos que deciden qué información filtran o no a cada usuario con un sólo objetivo en mente: mantenerlos en-línea y enganchados el mayor tiempo posible.

El multimillonario George Soros —continúa el reportaje de El País— lo resumió perfectamente en el Foro de Davos, al discutir los problemas que, según él, plantean hoy las redes. Soros dijo que, mientras que las empresas petroleras o mineras explotan el medio ambiente, las redes sociales explotan el ambiente, punto.

Así el problema es ¿qué hacer con las redes sociales? La solución ideal y que se antoja dificilísima parece ser doble: romperlas (que Facebook se desprenda de Instagram y de Whatsapp, que Google se deshaga de YouTube) y limitar la exposición de los usuarios, ayudando a establecer límites de tiempo a través de campañas de concientización (lo que afectaría los ingresos vía publicidad de estos gigantes de la informática).

Ninguna de las dos tareas se antoja sencilla ni fácil de realizar. Y Zuckerberg y compañía, darán una dura pelea.

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