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Frida Sofía, claroscuros de un espectro

Carlos Arturo Baños Lemoine

Arsenal


Sin duda que el asunto de Frida Sofía marcará su impronta en la historia del periodismo en México, básicamente por dos cosas: a) la contención emocional con respecto a la transmisión de las noticias relativas a asuntos trágicos de alcance social, y b) el principio de “verificación” de la fuente informativa. Ambas cosas, además, deben ser entendidas en el marco de la sociedad ciberespacial en la que vivimos.

En términos generales, todos ustedes conocen el asunto, a ver: como consecuencia del sismo del pasado martes 19 de septiembre, parte del Colegio Enrique C. Rébsamen, situado en Villa Coapa (División del Norte y Calzada de las Brujas), se vino abajo. Al haber ocurrido el terremoto en horario escolar (13:14 hrs.), muchos niños quedaron entre las ruinas, alguno vivos, otros muertos.

Desde los primeros minutos posteriores al terremoto, la noticia del colegio siniestrado de Villa Coapa se expandió hasta hacerse viral, por obvias razones: los niños son las víctimas que más le escuecen el corazón a cualquiera. Consciente e inconscientemente todos nosotros sabemos que la niñez simboliza dos cosas: la etapa de mayor inocencia del ser humano y el inicio de un nuevo proyecto de vida.

Por ello, no debe extrañarnos el hecho de que los medios le dieran prioridad al salvamento de los infantes del Colegio Rébsamen, sobre todo porque, tras las primeras incursiones de rescate, se dio a conocer que había una niña que permanecía atrapada entre las ruinas. Su nombre, se dijo, era Frida Sofía, de 12 años de edad. Dada la peligrosidad de la estructura, su rescate ameritaba bríos especiales.

Todo esto le imprimió, de entrada, un aire dramático a la historia de Frida Sofía, desde las primeras horas posteriores al terremoto. Y todos los medios se volcaron a la historia, confiando, además, en los partes informativos emitidos por la Marina, institución militar que se hizo cargo de los trabajos de asistencia en la zona.

La empresa Televisa desplegó una cobertura especial de todo el sismo a través de Noticieros Televisa, sobre todo a través de Foro TV (XHTV-TDT, Canal 4), y apostó a tiempo completo a la periodista Danielle Dithurbide en el Colegio Rébsamen, esperando las primicias de cualquier acontecimiento, bueno o malo. Aun en las tragedias, todo periodista corre tras las notas exclusivas.

Sin embargo, desde la mañana del jueves 21 de septiembre, la historia sufrió algunas correcciones: tras cruzar información entre maestras, directivos, padres de familia, autoridades educativas y rescatistas, se supo que no había posibilidad de que existiera una alumna de nombre Frida Sofía entre las ruinas.

Con el paso de las horas, el viernes 22 de septiembre ya se sabía que la persona que se hallaba bajo los escombros se llamaba Reyna Dávila, una empleada de intendencia del colegio, cuyo cuerpo fue rescatado sin vida a las 20:15 hrs. del domingo 24 de septiembre. Su cuerpo fue entregado a sus deudos para las exequias respectivas.

Desde el viernes 22 de septiembre comenzó el linchamiento mediático contra Televisa, no obstante que el seguimiento de la historia de Frida Sofía fue nota común en los principales medios de información, lo mismo impresos que electrónicos. No se diga en las redes sociales.

Se llegó al extremo de decir que Televisa había inventado la historia de Frida Sofía y que había obligado a la Marina a hacer el papel de patiño periodístico con miras a elevar su raiting. Y, por supuesto, también se dijo que Televisa había incurrido en una cobertura lacrimógena al más puro estilo de sus “churros” telenovelescos.

Además, los puristas del periodismo culparon a Televisa de haber incurrido en el error de transmitir información no confirmada.

Televisa, pues, se convirtió en el payaso de los pastelazos. Y, como era de esperarse, mucha gente reactivó su odio inveterado contra la televisora “del sistema”. Cosa curiosa, mucha de esta gente daba lecciones a diestra y siniestra sobre cómo no sacar el hígado a través de los medios. Obvia resultó su contradicción.

También resultó contradictoria la postura de periodistas y de medios que tildaron de “sensacionalista” la cobertura de Televisa. ¡Qué curioso! Se trata de los mismos periodistas y medios que, cada vez que pueden, le ponen un altavoz a quienes lanzan gritos trepidantes del tipo “¡Fue el Estado!”, cuando abordan el asunto de Ayotzinapa, o del tipo “¡Nos están matando a todas!”, cuando hacen mención de la “violencia machista”.

¿Sensacionalista sólo Televisa? A quienes piensen así habría que recordarles lo que hace muchas décadas ya había dejado en claro uno de los grandes magnates de la prensa estadounidense, William Randolph Hearst (1863-1951): si la noticia no llama la atención, no es noticia. Así, pues, todo acto de periodismo lleva, de suyo, algo de sensacionalismo.

Ciertamente, Televisa, en su calidad de viejo lobo de mar de los medios masivos, supo aprovechar de mil amores la inclinación natural y favorable del público televidente hacia quien, en un momento dado, necesita de conmiseración, piedad, solidaridad o lástima.

Televisa es una maestra en eso del manejo emotivo de las noticias… si no ¿por qué la mayoría de la gente estaba sintonizando sus noticieros, incluso quienes criticaron su “sensacionalismo”? Digo, por algo se dieron cuenta de su “sensacionalismo”, ¿o no?

No sé ustedes, pero yo veo mucha envidia detrás de los periodistas, los medios y los “críticos” que han tratado de hacer escarnio del “sensacionalismo” de Televisa: critican lo que ellos mismos no pudieron conseguir.

En cuanto a eso de la “verificación” de las fuentes, creo yo que hay poco qué decir, sobre todo si tomamos en cuenta que, en la era del ciberespacio, los flujos de información son cataratas de datos cuya corroboración se suele dar sobre la marcha. A veces se peca de inmediatismo efectista, es cierto. Pero más temprano que tarde cae la corrección o el desmentido como balde de agua fría.

Contra los fanáticos mamones del purismo periodístico debemos decir que la única forma que había de “verificar las fuentes” con respecto al asunto de Frida Sofía, era meterse a los escombros hasta toparse con la supuesta Frida Sofía cara a cara… ¿era eso posible? ¡Carajo!

Si nos vamos a poner de mamones y exquisitos, entonces debemos decir que, periodísticamente, no se ha demostrado que Luis Donaldo Colosio esté muerto. ¿Vieron ustedes cara a cara su cadáver? Y esto sólo para empezar. Vaya, la gente se sintió satisfecha con el parte pericial de un servicio médico forense. Así de simple.

Así que yo creo que, en el caso de Frida Sofía, la Marina y los medios procedieron correctamente dadas las circunstancias extraordinarias que lo enmarcaron: fue correcto que hicieran fluir la información y que, sobre la marcha, la corrigieran hasta llegar a una verdad satisfactoria y lógica.

Tomen en cuenta, mis apreciables lectores, que el sismo fue pasadito el mediodía del martes 19 de septiembre y que, para la mañana del jueves 21 de septiembre, la información ya había sido corregida por la propia Marina, aderezando la corrección con una disculpa pública.

¿Queremos más? ¿Por qué a veces somos tan mamones?

Reitero que yo creo que la Marina y los medios actuaron de forma correcta: en una situación de emergencia, hay que hacer fluir la información y corregirla sobre la marcha, si es menester.

¿Se imaginan ustedes qué hubiera pasado si la Marina y los medios no hubieran soltado información so pretexto de no tener “verificación” alguna de la misma? ¡Huy! Los puristas mamones hubieran comenzado con estas cantaletas: “Seguramente el gobierno está ocultando algo”, “El gobierno está protegiendo a un pez gordo”, “El gobierno le niega información al pueblo”, “El silencio del gobierno supone complicidad”, “El gobierno está tapando cosas turbias”, “El gobierno nos niega nuestro derecho a la información”, “Seguro hay mil niños muertos y el gobierno no lo quiere decir”, y decenas de cositas por el estilo.

Para concluir, pues, lanzo mi principio para la cobertura periodística de hechos extraordinarios, que llamaré Principio Baños, a objeto de que se tome en cuenta para futuros manuales de periodismo:

En el marco de hechos extraordinarios (como catástrofes, guerras, golpes de Estado, etc.), es deber de los periodistas emitir información desde un inicio y, de ser menester, corregirla sobre la marcha. Del silencio total a la información deficiente (por inexacta o falsa) pero corregible en el corto plazo, prefiérase siempre lo segundo.

Permítanme, mis estimables lectores, este lance ególatra. Todavía ando nervioso por el temblor y el tequila no ha sido cura suficiente.

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